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Trayectoria

La trayectoria de mi vida como mujer su podria dividir en cuatro fases.

La primera fase empezó cuando me di cuenta de las consecuencias de la obligación culturo-religiosa predominante en Egipto que manda que una mujer tiene que casarse virgen. Esto es applicable a musulmanas y cristianas igualmente. La idea de encontrarme atascada por el resto de mi vida con un hombre que podría oler mal me aterró muchissimo. Me dí cuenta que esta obligación cultural no contemplaba la miseria en la cuál se podía encontrar inmersa una mujer asqueada sexualmente con su marido, obligada a demás a cumplir con sus “deberes” hacía él. E matrimonio es para siempre, esto es lo dictado por la religión. Demasiado realidad para una rebelde nata como yo.

La decision de liberarme de esta injusta imposición social tuvo un impacto mayor sobre la trayectoria de mi vida. Descubrí el PODER DE ELEGIR COMO QUIERO VIVIR y lo utilizé. También me dí cuenta que mi madre no me servia de modelo feminino, estaba totalmente identificada con su rol de victima después de la muerte de su marido, nuestro padre. Yo era una chica apassionada, rebelde y avida de romper toda estructura que se enterponía entre mi y mi libertad de vivir mi vida tal como sentía que tenía que vivirla.

Me encontré forjando mi identidad feminina por mi cuenta ya que estos dos modelos disponibles ( el social y el familiar) no me satisfacian.

El privilegiado “Geriza club” del Cairo fue el escenerio donde empezó mi aprendizaje. Este club se parecía a una isla independiente llena de la élite egipcia embarcada en experimentar la ola hippy de los años 60. Las reglas que rigen la sociedad egipcia no parecían regir la gente que llenaba este club.

Otro elemento importante que contribuyó a mi trayectoría feminina es que estaba desesperadad por sentirme amada. La muerte de mi padre rompió con la vivencia de hogar familiar que nunca más volví a sentir hasta que encontré el hombre con quién vivo ahora felizmente 45 años más tarde.

Así que estos dos impulsos, el de la rebeldia con la injusticia cultural y la desesperación de ser amada me llevaron a los brazos de los hombres. Las experiencias fueron variadas. Algunas nutritivas, otras abusivas emocionalmente. Unas bonitas y otras no tanto.

Durante esta epoca aprendí sobre los hombres, sobre mi misma como mujer a través de ellos y ellos apprendieron de mi:

  1. Descubrí que yo era una mujer sexual. Que la sexualidad tenía un papel importante en mi vida y que mi archetipo era “la amante eterna”.
  2. Descubrí que tenía la capacidad de penetrar muy profundo en las personas. Es algo que me atrae de una manera  fuerte y apasionada sin miedo y sin tabús.
  3. Me dí cuenta que la sexualidad era la mejor vía para conectar en lo profundo con los hombres porque yo necesitaba sentirme y sentir al otro íntimamente.
  4. Descubrí que tenía capacidad de curarles si la conexión profunda se daba entre nosotros. Podía sentir facilmente sus inseguridades en la “desnudez” e intimidad de la cama.
  5. Me abrí a experimentar cada uno de ellos aprendiendo de lo que cada uno ofrecía.
  6. No jugué juegos psicológicos de poder i.e. no utilizé el sexo como arma de mujer ni de poder. Esto salvó lo más precioso de mi Ser, mi frescura.
  7. Mi claridad me permitió expresar claramente lo que quería y lo que no. Asi me hize respetar más allá del cliché de “femme facile” que me habían adjudicado.
  8. Busqué mi identidad y busqué el afecto en el sexo. Era el camino equivado para encontrar la satisfacción a ambas necesidades.

Así que me fue descubriendo y reconociéndome a mi misma  como amante. Se hizo evidente que la libertad sexual no bastaba sin libertad economíca. Mi objetivo era mi independencia total como mujer. A los 21 años dejé el nido parental para vivir sola como soltera en el Cairo. Era un hecho revolucionario hace 32 años en aquella cultura. Viví como mujer independiente sola en mi piso en el barrio de Zamalek hasta que decidí dejar mi tierra a los 33 años.

Necesitaba expandirme más allá de todo lo que había conseguido hasta entonces. Sentí la necesidad de ir más allá del condicionamiento socio cultural para encontrar aspectos míos más profundos que no podían expresarse sin un entorno de más libertad.

La segunda etapa de mi trayectoria empezó cuando me convertí en una Profesional exitosa. Inicié mis estudios de Psicoterapia en Barcelona. Trabajar por mi cuenta y tener identidad profesional propia era otro hito en el proceso de forjar mi identidad femenina. Durante esta etapa estar con  otras mujeres en la consulta arrojó mucha luz sobre el tema “identidad femenina”.  En la consulta me dí cuenta que las mujeres que trataba tenían problemas fuertes con su identidad feminina y muchos problemas a nivel sexual. Asi que decidí crear unos cursos para tratar estos temas que ayudarían y apoyarían a estas mujeres a encontrar su identidad, afirmarse en ella y sanar sus dificultades sexuales.

Los cursos se basaron en tener una experiencia directa de si mismas y de su potencia como mujeres y como pueden aplicar esto en sus relaciones personales y profesionales. Lo que importaba era crear unas experiencias que permitían algún nivel de sanación de heridas emocionales gravadas en sus cuerpos a la vez que una  liberación mental de muchos mitos culturas.

La tercera etapa de mi vida empezó cuando decidí que tenía que parar después de un éxito profesional que duró 15 años practicando terapia individual y liderando grupos de mujeres al darme cuenta que mis relaciones afectivas no acaban de darme la conexión profunda que anhelaba y buscaba activamente y pasivamente. Necesitaba una revisión profunda de mi feminidad herida todavía en algunos aspectos importantes. Los hombres que atraía reflejaban claramente que mi corazón y mi sexualidad no estaban unidos.

Inicié un proceso espiritual profundo y a veces muy doloroso. El resultado fue gratificante: finalmente conseguí integrar el segundo chakra de la sexualidad con el cuarto chakra del corazón. Este logro me llevó a crear la relación amorosa que tengo ahora. Una relación amorosa madura, apasionada y viva.

Estoy disfrutando en el presente de mi madurez feminina y tengo la estabilidad emocional que busqué en los brazos de los hombres del Gezire club del Cairo cuando todavía era la niña rebelde a sus 18 años.

Comparto los pasos de mi proceso personal que me llevaron a manifestar esta relación:

  1. Atreverme a elegir la vida que quiero vivir y estar dispuesta a responsabilizarme de las consecuencias de lo que elijo fue el PODER más grande que descubrí muy temprano en mi vida.
  2. Reconocer que mi corazón no estaba involucrado en el juego amoroso. Reconocer la dicotomía entre mi corazón y mi sexualidad.
  3. Identificar el gran fallo de buscar el cariño a través del sexo.
  4. Darme cuenta de que tener una profesión que apasiona es una gran trampa y una gran bendición a la vez. Sin darme cuenta estaba pretendiendo llenar el vacío de la necesidad de cariño y de amor por el éxito y la ambición profesional. Es algo común en el mundo de las mujeres profesionales que tienen éxito.
  5. Enfrentarme con coraje a la verdad dolorosa de que tenía un rechazo muy inconsciente a lo “femenino”. Esto contrastaba con mi auto imagen de “la amante eterna”. Ser Femenina estaba asociado a la debilidad de mi madre y a la superficialidad de ponerse guapa y sexy. Me sentía mujer a través de la mirada de los hombres y me movía en el mundo en función de lo que “ellos” esperaban de mí. A nivel profundo y totalmente inconsciente rechazaba mi feminidad. Esto fue un gran shock para mí.
  6. Abrirme a “sentir” el dolor y la soledad profunda que generaban todas las verdades descubiertas. “Sentir” como me escapaba de este dolor y esta soledad refugiándome en la personalidad de la profesional exitosa y “fuerte”.
  7. Liberar mi cuerpo de sus heridas acumuladas en las etapas anteriores. Lo cuál exigió mucha dedicación, compromiso, tiempo, dinero y energía para encontrar las diferentes herramientas de liberación físicas e emocionales.

En este momento de mi vida cuanto más me abro a sentir mis heridas de mujer más integro mi corazón con mi sexualidad. Entonces más plena, más alegre, creativa y llena de vida me siento.

Debido a esto la intimidad sexual es una experiencia totalmente nueva: más profunda, con un nueva intensidad y un matíz muy distinto de pasión.

El viaje del descubrimiento de mis nuevas facetas de mujer sigue y yo sigo disfrutandome y desde allí hacer disfrutar a mi hombre.

En esta cuarta etapa que es la actual siento el impulso de empezar a compartir, guiar y asistir a otras mujeres a andar el camino de recuperar su identidad, su potencia y encontrar su lugar en su vidas profesionales y personales desde su propia esencia de mujer.

Ha llegado la hora de dar lo que recibí y lo que aprendí.

Me siento muy agradecida a la vida y especialmente a todas aquellas personas que me ayudaron y me enseñaron el camino de integrar mi mente con mi corazón y con mi sexualidad.

Comparto el fruto de este viaje con toda mujer que se siente identificada con parte de este camino.

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